LA EDAD DE LA TIERRA II
EN CADA GRIETA QUE ATRAVIESA MI CORTEZA HAY UNA HISTORIA. EN CADA VEREDA QUE EN MI REPOSA, UNA OPORTUNIDAD. EN CADA VIENTO QUE ME ACARICIA,UN AMANTE. EN CADA CATACLISMO QUE ME ENFURECE, UN AMANECER. EN CADA NOCHE HAY UN DÍA Y EN CADA TIERRA, UNA EDAD.
jueves 5 de enero de 2012
martes 13 de diciembre de 2011
ESPEJITO, ESPEJITO
Hay quien piensa que los cuentos clásicos son cosas para críos como los bocadillos de nocilla, las tardes en el parque o los pantalones cortos con medias de lana. Películas como “Pretty Woman” o series como “Once upon a time” vendrían a ser la excepción que cumple la norma. Unos ratos de fantasía al alcance de cualquier adulto que pueden catalogarse con la etiqueta de “paparruchadas de cine”. Y listo, todos tan contentos y tan adultos.
Pero no nos engañemos, a los adultos también nos cuelan los cuentos disfrazados de otras cosas. ¿No me creéis? Bien, pondré un ejemplo.
Érase una vez en una conocida red social que empieza por f, un pequeño rincón en el margen derecho de la página en donde se publicaban inocentes juegos y se publicitaban algunas conocidas empresas. Una tarde cualesquiera, uno de esos anuncios llamó la atención de Alegoría. Junto a la foto de una conocidísima y guapísima actriz internacional aparecían las siguientes e inquietantes frases:
“¿Eres guapa?
¿Qué es la belleza? ¿Cómo podemos hacer que la gente nos mire? ¡Es muy simple! Descúbrelo ya”
Y zas, tras recitar las frases cual conjuro y hacer click, la curiosa Alegoría se encontró frente a frente con el espejo de la malvada bruja de Blancanieves. Una foto, un text y varios clicks era todo lo que restaba por hacer para escuchar el veredicto del espejo de la verita. Pero nuestra protagonista no se aventuró a ir más allá sin la autorización de sus secuaces. La Guardiana de la Sangría ansiaba vivir la experiencia. Total, siempre hay sangría en la que refugiarse. La Sombra voto en blanco. Total, el text sólo era para humanos. La Pitonisa se negó en rotundo. Total, ese espejo no iba a revelar nada que ella no pudiese averiguar con su tarot. La Insoportable sentenció que era un engañabobos. Total, siempre hay algún pardillo dispuesto a picar y un aprovechado pronto a sacar ganancia. Dos votos en contra, dos votos a favor y una abstención más tarde, Alegoría abandonó el cuento de Blancanieves para sumergirse en el de Barba Azul y adoptar el roll de la esposa curiosa. Y desde entonces, sólo el temor a convertirse en piedra la impide hacer click y leer las conclusiones del locuaz espejo.
¿De verdad son los cuentos sólo cosas de niños?
Pero no nos engañemos, a los adultos también nos cuelan los cuentos disfrazados de otras cosas. ¿No me creéis? Bien, pondré un ejemplo.
Érase una vez en una conocida red social que empieza por f, un pequeño rincón en el margen derecho de la página en donde se publicaban inocentes juegos y se publicitaban algunas conocidas empresas. Una tarde cualesquiera, uno de esos anuncios llamó la atención de Alegoría. Junto a la foto de una conocidísima y guapísima actriz internacional aparecían las siguientes e inquietantes frases:
“¿Eres guapa?
¿Qué es la belleza? ¿Cómo podemos hacer que la gente nos mire? ¡Es muy simple! Descúbrelo ya”
Y zas, tras recitar las frases cual conjuro y hacer click, la curiosa Alegoría se encontró frente a frente con el espejo de la malvada bruja de Blancanieves. Una foto, un text y varios clicks era todo lo que restaba por hacer para escuchar el veredicto del espejo de la verita. Pero nuestra protagonista no se aventuró a ir más allá sin la autorización de sus secuaces. La Guardiana de la Sangría ansiaba vivir la experiencia. Total, siempre hay sangría en la que refugiarse. La Sombra voto en blanco. Total, el text sólo era para humanos. La Pitonisa se negó en rotundo. Total, ese espejo no iba a revelar nada que ella no pudiese averiguar con su tarot. La Insoportable sentenció que era un engañabobos. Total, siempre hay algún pardillo dispuesto a picar y un aprovechado pronto a sacar ganancia. Dos votos en contra, dos votos a favor y una abstención más tarde, Alegoría abandonó el cuento de Blancanieves para sumergirse en el de Barba Azul y adoptar el roll de la esposa curiosa. Y desde entonces, sólo el temor a convertirse en piedra la impide hacer click y leer las conclusiones del locuaz espejo.
¿De verdad son los cuentos sólo cosas de niños?
lunes 12 de diciembre de 2011
miércoles 5 de octubre de 2011
MEDITANDO NUEVAS DECISIONES
Disculpadnos por la ausencia, pero estamos preparando las maletas con nuestra vida.
Mis secuaces y yo estamos meditando que ser de mayores.
Mis secuaces y yo estamos meditando que ser de mayores.
martes 13 de septiembre de 2011
MANOLO CSI
Imaginemos a un tipo de unos 45 años, residente en una urbanización cualquiera de esas llenas de chalets adosados con su diminuto jardín en las afueras. Llamémosle Manolo por aquello de la comodidad. Lleva una vida plácida y sin más complicaciones que las habituales: de casa al trabajo, del trabajo a casa, los niños y la visita semanal a la suegra. O al menos es así, hasta que un día un grupo de vándalos confunden la fachada de su precioso chalet con una diana de huevo al blanco.
Lógicamente, a Manolo la obra pictórica perpetrada en su inmaculada pared le hace la misma gracia que las almorranas. Y mientras frota con ahínco tratando borrar tan fatal suceso y mentando a la madre que parió al autor o autores, se va pillando uno de esos cabreos monumentales. Desquiciado porque el aspecto de su pared no cambia, recoge los cascos de los huevos que yacen burlones sobre el césped. Se dispone a arrojarlos a la basura cuando tiene una de esas revelaciones marianas nacidas de la desesperación y de las mentes sagaces y clarividentes. Dos minutos más tarde, gracias a su habilidad al volante de su coche, se presenta en el único supermercado de la zona. En el año que lleva abierto, es la primera vez que entra. Así que echa un vistazo rápido al espacio, ignora todas las indicaciones (está él como para comportarse civilizadamente y entrar por donde se debe), se va donde la cajera y le pregunta a bocajarro -mientras le planta bajo las narices los cacos delictivos- si en ese establecimiento se venden esos huevos. Le importa tres huevos que la cajera esté ocupada atendiendo a otra persona.
El desconcierto del cliente y de la cajera es mayúsculo. Supongo que la chica, acostumbrada a lidiar con algún que otro cliente insufrible, pejiguero, agresivo y maleducado, tiene una paciencia comparable a la del Santo Job. Pero servidora, allí presente, se debate entre la curiosidad que carateriza a La Sombra y la usual mala leche de La Insoportable. Finalmente, puede la curiosidad por saber de qué va el asunto.
La cajera le responde que en el establecimiento no se venden esos huevos. Tal rotunda afirmación la hace en base a que los mentados huevos llevan el código de lote estampados en color verde y no en rojo como los que se venden allí.
A nuestro soplagaitas Serlock la explicación no le satisface y se va derechito a los huevos a comprobar, empíricamente, la afirmación de la cajera. A estas alturas ni ella ni yo sabemos de qué va la historia y decir que estamos atónicas, es quedarme corta.
Desolado porque sus indagaciones han llegado a un callejón sin salida, nuestro Manolo CSI de pacotilla nos cuenta la desgracia de su fachada y la que él cree una irrefutable e infalible línea de investigación. Según su racional teoría, los gamberros habrían comprado el arma del crimen en ese establecimiento y la cajera sería capaz de dos hechos prodigiosos:
1- Saber quién compró la docena de huevos.
2- Proporcionarle el nombre completo, el DNI y el domicilio del o de los delincuentes.
Todo de una coherencia obvia y comprensible hasta para un tonto. ¡Lástima! ¡En que pequeños detalles naufragan las grandes teorías!
Desinflado y frustrado, Manolo camina cabizbajo hasta la salida, se monta en el coche y se pierde en la lontananza de la carretera cual tahúr que jugó al negro (en este caso verde) y perdió todo porque salió el rojo.
Y no. No lo haré. Ésta vez me abstengo de añadir más comentarios sobre la naturaleza humana. Que cada quien piense lo que le dé la gana.
Lógicamente, a Manolo la obra pictórica perpetrada en su inmaculada pared le hace la misma gracia que las almorranas. Y mientras frota con ahínco tratando borrar tan fatal suceso y mentando a la madre que parió al autor o autores, se va pillando uno de esos cabreos monumentales. Desquiciado porque el aspecto de su pared no cambia, recoge los cascos de los huevos que yacen burlones sobre el césped. Se dispone a arrojarlos a la basura cuando tiene una de esas revelaciones marianas nacidas de la desesperación y de las mentes sagaces y clarividentes. Dos minutos más tarde, gracias a su habilidad al volante de su coche, se presenta en el único supermercado de la zona. En el año que lleva abierto, es la primera vez que entra. Así que echa un vistazo rápido al espacio, ignora todas las indicaciones (está él como para comportarse civilizadamente y entrar por donde se debe), se va donde la cajera y le pregunta a bocajarro -mientras le planta bajo las narices los cacos delictivos- si en ese establecimiento se venden esos huevos. Le importa tres huevos que la cajera esté ocupada atendiendo a otra persona.
El desconcierto del cliente y de la cajera es mayúsculo. Supongo que la chica, acostumbrada a lidiar con algún que otro cliente insufrible, pejiguero, agresivo y maleducado, tiene una paciencia comparable a la del Santo Job. Pero servidora, allí presente, se debate entre la curiosidad que carateriza a La Sombra y la usual mala leche de La Insoportable. Finalmente, puede la curiosidad por saber de qué va el asunto.
La cajera le responde que en el establecimiento no se venden esos huevos. Tal rotunda afirmación la hace en base a que los mentados huevos llevan el código de lote estampados en color verde y no en rojo como los que se venden allí.
A nuestro soplagaitas Serlock la explicación no le satisface y se va derechito a los huevos a comprobar, empíricamente, la afirmación de la cajera. A estas alturas ni ella ni yo sabemos de qué va la historia y decir que estamos atónicas, es quedarme corta.
Desolado porque sus indagaciones han llegado a un callejón sin salida, nuestro Manolo CSI de pacotilla nos cuenta la desgracia de su fachada y la que él cree una irrefutable e infalible línea de investigación. Según su racional teoría, los gamberros habrían comprado el arma del crimen en ese establecimiento y la cajera sería capaz de dos hechos prodigiosos:
1- Saber quién compró la docena de huevos.
2- Proporcionarle el nombre completo, el DNI y el domicilio del o de los delincuentes.
Todo de una coherencia obvia y comprensible hasta para un tonto. ¡Lástima! ¡En que pequeños detalles naufragan las grandes teorías!
Desinflado y frustrado, Manolo camina cabizbajo hasta la salida, se monta en el coche y se pierde en la lontananza de la carretera cual tahúr que jugó al negro (en este caso verde) y perdió todo porque salió el rojo.
Y no. No lo haré. Ésta vez me abstengo de añadir más comentarios sobre la naturaleza humana. Que cada quien piense lo que le dé la gana.
lunes 18 de julio de 2011
HABITACIONES CERRADAS

Algunos me habéis preguntado porque el blog ha estado tan silencioso el último mes. La respuesta está en el libro de "Habitaciones Cerradas" de Care Santos.
Todo empezó a la 1:00 a.m., hora en la que servidora y sus secuaces deberían estar ya en su cama, prontas a cumplir su cita con Morfeo. Pero como siempre, nos enredamos entre los segundos. En esta ocasión, lo que nos entretuvo fue una invitación al Club de Lectura de Habitaciones Cerradas creado en facebook. El asunto pintaba interesante. Durante un mes y cachito, la propia escritora y sus personajes irían acompañando la lectura de los integrantes del club, quienes podrían preguntar y obtener respuestas inmediatas. Así que ni cortas ni perezosas, dijimos sí, quiero y entramos a ser parte del club. Amablemente, la editorial nos regaló y envió a casa un ejemplar de la novela, pertinentemente autografiado por la escritora. Un tesoro más para nuestra colección de libros dedicados por sus autores.
A partir de ahí, llegó la abducción. La novela narra la historia y secretos de la familia Lax en la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX. Una historia familiar que va descubriendo, en la época actual, una de las descendientes de la familia, Violeta Lax. Y hasta ahí vamos a contar porque no quiero destripar la diversión a nadie. Mejor, leed el libro. Os gustará.
A mí y mis secuaces nos encantó. La Pitonisa estaba encantada con el tema del espiritismo. No porque la tiente comunicarse con los muertos. Su fascinación reside precisamente, en ese respeto temeroso que le produce el tema. Así que todas sus aproximaciones a esa materia, las hace siempre, a través de cuentos narrados por terceros. Y en el relato encontró un pozo en el que saciar su curiosidad.
La sombra estaba feliz con tanto fantasma como pulula entre las página del libro y como si de la canción del verano se tratase, repetía constantemente: "si los fantasmas hablásemos, la historia de la humanidad dejaría de ser un secreto".
La Guardiana de la Sangría se pasó la lectura tomando notas para emular las fiestas de la época con todo su boato y pompa. Ya tiene algunas ideas para sus próximos saraos. Veremos con qué nos sorprende.
Por increíble que parezca, nuestra sempiterna malhumorada y agria Insoportable, destilaba amor y romanticismo como en un empacho de San Valentín. Si no hubiese sido por cierto gusto femenino del objeto de sus amores, podría haber llegado a jurar, que el personaje de Amadeo Lax era su media naranja. Lamentablemente, esos gustos destrozaron el emergente romance. Amén, claro está, de la distancia insalvable que media entre el papel y la realidad, y que sólo salvó, en los breves días en que Amadeo Lax se dedicó a soltar sus perlas en el facebook del club. El asunto concluyó en un "tú por tu lado y yo por el mío".
Y la que os escribe, gracias a la fabulosa estructura de la novela, se lo pasó como una enana jugando a los detectives y especulando con la trama de la novela, en el día y medio que tardé en alcanzar el punto y final. Afortunadamente, el club prolongó el placer de la historia y evitó que me quedase con esa sensación de pérdida que me embarga, siempre que termino un libro apasionante.
Si tenéis ocasión este verano, incluidlo entre vuestras lecturas. No os defraudará.
jueves 14 de julio de 2011
¡OH, DIOS MÍO!
Queridos lectores:
un hondo pesar me embarga y estremece mi tierno corazón. Hoy, nueve meses más tarde, he descubierto que el pulpo Paul ha fallecido. Ya, ya sé. La noticia es vieja. Pero servidora no lo sabía. Cuando aconteció tan lamentable infortunio, mis secuaces y yo estábamos perdidas en mitad del Caribe sin televisión, internet o cualquier otro medio de contacto con la realidad del mundo.
Nuestro duelo por la triste desaparición del colega de La Pitonisa, sólo es comparable al de los responsables del acuario en el que vivía. Amén, claro está, de los fanáticos futboleros que vivieron el Mundial pendientes de sus predicciones.
Y es que, esa es la única razón lógica para justificar el monumento funerario que han erigido en su memoria y que, por gracia de la clarividencia del difunto, se ha convertido en uno de los lugares de peregrinación para la humanidad. A diario, acuden desde todos los rincones del mundo, cientos de visitantes,(perdón, peregrinos), quienes, con el rostro empañado por las lágrimas, se detienen frente al estanque en el que nadó y predijo, felizmente, el finado Paul, y en el que hoy, inexplicablemente, viven unos peces ocupas cualesquiera.
Para colmo de males, el advenedizo que le ha sucedido en sus funciones, es un pulpo vidente de medio tentáculo que, tal parece, predice los resultados deportivos de pura chiripa. Vamos, lo que viene siendo un escándalo de manual y un desprestigio para la comunidad de las artes adivinatorias.
La noticia ha puesto fin a la discusión que manteníamos sobre el lugar donde pasar nuestras próximas vacaciones. Ahora, pese a la oposición de La Pitonisa, que no ve la necesidad de un homenaje póstumo, iremos al acuario de Oberhausen y con todo nuestro cariño, depositaremos frente a la urna funeraria de nuestro Paul, un pequeño ramillete rojigualdo de claveles reventones.
Ya os mostraremos las fotografías.
PD: Acá entre nos, todas opinamos que cocinado a la gallega, Paul hubiese tenido un mejor y más digno final.
un hondo pesar me embarga y estremece mi tierno corazón. Hoy, nueve meses más tarde, he descubierto que el pulpo Paul ha fallecido. Ya, ya sé. La noticia es vieja. Pero servidora no lo sabía. Cuando aconteció tan lamentable infortunio, mis secuaces y yo estábamos perdidas en mitad del Caribe sin televisión, internet o cualquier otro medio de contacto con la realidad del mundo.
Nuestro duelo por la triste desaparición del colega de La Pitonisa, sólo es comparable al de los responsables del acuario en el que vivía. Amén, claro está, de los fanáticos futboleros que vivieron el Mundial pendientes de sus predicciones.
Y es que, esa es la única razón lógica para justificar el monumento funerario que han erigido en su memoria y que, por gracia de la clarividencia del difunto, se ha convertido en uno de los lugares de peregrinación para la humanidad. A diario, acuden desde todos los rincones del mundo, cientos de visitantes,(perdón, peregrinos), quienes, con el rostro empañado por las lágrimas, se detienen frente al estanque en el que nadó y predijo, felizmente, el finado Paul, y en el que hoy, inexplicablemente, viven unos peces ocupas cualesquiera.
Para colmo de males, el advenedizo que le ha sucedido en sus funciones, es un pulpo vidente de medio tentáculo que, tal parece, predice los resultados deportivos de pura chiripa. Vamos, lo que viene siendo un escándalo de manual y un desprestigio para la comunidad de las artes adivinatorias.
La noticia ha puesto fin a la discusión que manteníamos sobre el lugar donde pasar nuestras próximas vacaciones. Ahora, pese a la oposición de La Pitonisa, que no ve la necesidad de un homenaje póstumo, iremos al acuario de Oberhausen y con todo nuestro cariño, depositaremos frente a la urna funeraria de nuestro Paul, un pequeño ramillete rojigualdo de claveles reventones.
Ya os mostraremos las fotografías.
PD: Acá entre nos, todas opinamos que cocinado a la gallega, Paul hubiese tenido un mejor y más digno final.
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