sábado, 30 de marzo de 2013

Entre líneas

A veces me parezco a cierto personaje de un gran escritor que soñaba el futuro. La diferencia entre ella y yo es la forma de leerlo.
¿Seré una invención literaria?

jueves, 10 de enero de 2013

28 DE DICIEMBRE

Transcurría el día 28 de diciembre cuando servidora se encontró con una singular noticia propia del día. Según pude leer con estos ojos que Dios me dio, y la ciencia médica arregló, el Museo del Prado, en su calidad de guardián, custodio y expositor del arte plástico patrio, había decidido trasladar a sus instalaciones el “Ecce Homo” restaurado por la abuelita Cecilia.
Obviamente, la lectura me produjo un incontenible ataque de risa por diversos motivos. El primero fue pensar en la decepción de los responsables del chiringuito que se ha montado en Borja, lugar de peregrinación para los fans del descalabro. Me los imaginaba llamando a la abuelita Ceci para pedirla que por favor, destrozase algo más del patrimonio. Y como el objetivo sería lograr un mayor bombazo que el anterior, esta vez la obra a “restaurar” tendría más enjundia. Total, qué más da una pintura más o menos si la rentabilidad es tan alta y pegarse la gran vida sin consecuencias tan fácil. ¡Ayyy…! ¡Olé, olé y olé! ¡Qué pedazo fichaje han hecho esos tíos de la agencia de publicidad! Todos los negocios de este país deberían tener una abuelita Cecilia. Seguro que salíamos de la crisis.

Acto seguido me fusiló la idea de ver el “Ecce Homo” junto a alguno de los cuadros de Velázquez. O mejor aún, junto a “la Duquesa de Chichón” de Goya, por aquello de darle a la puesta en escena un toque a lo Disney. ¡Qué arte! Sí, señoras y señores, aplaudan.

Lo tercero que pensé fue en todos esos trozos de historia que el Museo del Prado almacena en sus bodegas. O en los que como hijos enviados a un internado sin vacaciones, esperan que se acuerden de ellos en la pared de algún otro museo. Y todos ellos rezando -a saber a qué sordo santo- para que hagan la tan mentada obra de ampliación y poder volver a su casa. ¡Ah, se siente! Aquí sólo da para lingotes de oro y cuentas en Suiza. Al patrimonio histórico artístico que le vayan dando.

¿Alguien tiene a mano un pañuelo? Con tanta carcajada se me saltaron las lágrimas y amenazo inundación.

Si es que, se mire por donde se mire, aquí siempre es 28 de diciembre.

jueves, 27 de diciembre de 2012

PUES ESO

Pues eso. Más de lo mismo. Cuando ya creía que nada que hiciese el ser humano me sorprendería, aterrizo en yahoo y me descubro atónita nuevamente. Y es que a estas alturas, ya estoy harta de decir que el ser humano es memo, imbécil y cuanto adjetivo calificativo sinónimo se os ocurra. Y si encima hablamos de la mujer, de los cánones de belleza y de sus jodidos dictados, el asunto se eleva a la infinita potencia.

No es un secreto, que cuando hablamos de zapatos, muchas mujeres quieren ser Cenicienta. Sí, la bella princesa de delicados y únicos pies en forma y tamaño. La misma que viste y sobretodo, calza. Para reforzar tamaño deseo, están los cuatro gilipollas, que a golpe de fotoshop, crean la mujer ideal. Completan el triángulo fashion perfecto, esos videntes gurús de la moda que rentabilizan su talentosísima y carismática neurona, creando unos zapatos sublimes y extraordinarios sólo aptos para Cenicientas con genuina denominación de origen. ¡Maestros, ustedes sí que saben hacer llorar con estilo a una chica! Y es que, mientras unas lloran de emoción al ver que su preciado pinrel encaja en la horma de tan sublime y extraordinario zapato, otras plañen frente a su cirujano plástico de cabecera, cual hermanastra desesperada y furiosa, suplicando la amputación de su dedo menique para poder entrar en ese engendro. ¿Acaso no es más comprensible, lógico y razonable amputarse un dedo que calzarse alguno de los millones de pares en los que sí te cabría el pie al completo?

Pues eso. Más de lo mismo.


viernes, 31 de agosto de 2012

EL KEN, ARCOIRIS

Andaba servidora enredando en esos trances de la farándula por motivos que no viene al caso explicar, cuando me he topado con la imagen de cierto actor conocido por estas tierras y más allá y cuyo nombre callaré por respeto. Total, todo el mundo tiene derecho a tener un mal día con el armario. El zagal no milita precisamente en las filas de los feos y para ser sinceros, tampoco en los del montón. Vamos, que pertenece a esos homínidos que las mujeres miran una, dos, tres y varias veces mientras suspiran con aire soñador y canturrean el “If I was a pretty girl...”. O al menos, eso hacen hasta que el susodicho cae mansamente en las garras de algún estilista que le jura por a calavera de Quasimodo, que le va a dejar como un príncipe. El asunto comienza por un corte de pelo y se completa con una excursión con un personal shooper que remata la “obra maestra”. El resultado es un Ken embutido cual chorizo en una americana pequeña con las mangas arremangadas, una camiseta que está bien para ir al gimnasio y unos pantalones que no mirarías dos veces, si no fuese porque tanto colorido convierten al susodicho en la versión del Ken, Arcoiris. De los complementos mejor no hablar porque no está bien hacer leña del árbol caído. Resumiendo y para entendernos con un bonito símil: el chico pasa de ser un “Ecce Homo” en toda regla, a ser una restauración hecha con muy buena voluntad, pero ruinoso resultado.

Y sí, puede que sea una clásica que no entiende de moda, pero a mí me disculpan si no digiero bien el estilo Ken, arcoiris que tanto gusta en ciertos sectores de la moda.