Y sí, puede que sea una clásica que no entiende de moda, pero a mí me disculpan si no digiero bien el estilo Ken, arcoiris que tanto gusta en ciertos sectores de la moda.
EN CADA GRIETA QUE ATRAVIESA MI CORTEZA HAY UNA HISTORIA. EN CADA VEREDA QUE EN MI REPOSA, UNA OPORTUNIDAD. EN CADA VIENTO QUE ME ACARICIA,UN AMANTE. EN CADA CATACLISMO QUE ME ENFURECE, UN AMANECER. EN CADA NOCHE HAY UN DÍA Y EN CADA TIERRA, UNA EDAD.
viernes, 31 de agosto de 2012
EL KEN, ARCOIRIS
Andaba servidora enredando en esos trances de la farándula por motivos que no viene al caso explicar, cuando me he topado con la imagen de cierto actor conocido por estas tierras y más allá y cuyo nombre callaré por respeto. Total, todo el mundo tiene derecho a tener un mal día con el armario.
El zagal no milita precisamente en las filas de los feos y para ser sinceros, tampoco en los del montón. Vamos, que pertenece a esos homínidos que las mujeres miran una, dos, tres y varias veces mientras suspiran con aire soñador y canturrean el “If I was a pretty girl...”. O al menos, eso hacen hasta que el susodicho cae mansamente en las garras de algún estilista que le jura por a calavera de Quasimodo, que le va a dejar como un príncipe. El asunto comienza por un corte de pelo y se completa con una excursión con un personal shooper que remata la “obra maestra”.
El resultado es un Ken embutido cual chorizo en una americana pequeña con las mangas arremangadas, una camiseta que está bien para ir al gimnasio y unos pantalones que no mirarías dos veces, si no fuese porque tanto colorido convierten al susodicho en la versión del Ken, Arcoiris. De los complementos mejor no hablar porque no está bien hacer leña del árbol caído. Resumiendo y para entendernos con un bonito símil: el chico pasa de ser un “Ecce Homo” en toda regla, a ser una restauración hecha con muy buena voluntad, pero ruinoso resultado.
miércoles, 13 de junio de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
jueves, 5 de enero de 2012
martes, 13 de diciembre de 2011
ESPEJITO, ESPEJITO
Hay quien piensa que los cuentos clásicos son cosas para críos como los bocadillos de nocilla, las tardes en el parque o los pantalones cortos con medias de lana. Películas como “Pretty Woman” o series como “Once upon a time” vendrían a ser la excepción que cumple la norma. Unos ratos de fantasía al alcance de cualquier adulto que pueden catalogarse con la etiqueta de “paparruchadas de cine”. Y listo, todos tan contentos y tan adultos.
Pero no nos engañemos, a los adultos también nos cuelan los cuentos disfrazados de otras cosas. ¿No me creéis? Bien, pondré un ejemplo.
Érase una vez en una conocida red social que empieza por f, un pequeño rincón en el margen derecho de la página en donde se publicaban inocentes juegos y se publicitaban algunas conocidas empresas. Una tarde cualesquiera, uno de esos anuncios llamó la atención de Alegoría. Junto a la foto de una conocidísima y guapísima actriz internacional aparecían las siguientes e inquietantes frases:
“¿Eres guapa?
¿Qué es la belleza? ¿Cómo podemos hacer que la gente nos mire? ¡Es muy simple! Descúbrelo ya”
Y zas, tras recitar las frases cual conjuro y hacer click, la curiosa Alegoría se encontró frente a frente con el espejo de la malvada bruja de Blancanieves. Una foto, un text y varios clicks era todo lo que restaba por hacer para escuchar el veredicto del espejo de la verita. Pero nuestra protagonista no se aventuró a ir más allá sin la autorización de sus secuaces. La Guardiana de la Sangría ansiaba vivir la experiencia. Total, siempre hay sangría en la que refugiarse. La Sombra voto en blanco. Total, el text sólo era para humanos. La Pitonisa se negó en rotundo. Total, ese espejo no iba a revelar nada que ella no pudiese averiguar con su tarot. La Insoportable sentenció que era un engañabobos. Total, siempre hay algún pardillo dispuesto a picar y un aprovechado pronto a sacar ganancia. Dos votos en contra, dos votos a favor y una abstención más tarde, Alegoría abandonó el cuento de Blancanieves para sumergirse en el de Barba Azul y adoptar el roll de la esposa curiosa. Y desde entonces, sólo el temor a convertirse en piedra la impide hacer click y leer las conclusiones del locuaz espejo.
¿De verdad son los cuentos sólo cosas de niños?
Pero no nos engañemos, a los adultos también nos cuelan los cuentos disfrazados de otras cosas. ¿No me creéis? Bien, pondré un ejemplo.
Érase una vez en una conocida red social que empieza por f, un pequeño rincón en el margen derecho de la página en donde se publicaban inocentes juegos y se publicitaban algunas conocidas empresas. Una tarde cualesquiera, uno de esos anuncios llamó la atención de Alegoría. Junto a la foto de una conocidísima y guapísima actriz internacional aparecían las siguientes e inquietantes frases:
“¿Eres guapa?
¿Qué es la belleza? ¿Cómo podemos hacer que la gente nos mire? ¡Es muy simple! Descúbrelo ya”
Y zas, tras recitar las frases cual conjuro y hacer click, la curiosa Alegoría se encontró frente a frente con el espejo de la malvada bruja de Blancanieves. Una foto, un text y varios clicks era todo lo que restaba por hacer para escuchar el veredicto del espejo de la verita. Pero nuestra protagonista no se aventuró a ir más allá sin la autorización de sus secuaces. La Guardiana de la Sangría ansiaba vivir la experiencia. Total, siempre hay sangría en la que refugiarse. La Sombra voto en blanco. Total, el text sólo era para humanos. La Pitonisa se negó en rotundo. Total, ese espejo no iba a revelar nada que ella no pudiese averiguar con su tarot. La Insoportable sentenció que era un engañabobos. Total, siempre hay algún pardillo dispuesto a picar y un aprovechado pronto a sacar ganancia. Dos votos en contra, dos votos a favor y una abstención más tarde, Alegoría abandonó el cuento de Blancanieves para sumergirse en el de Barba Azul y adoptar el roll de la esposa curiosa. Y desde entonces, sólo el temor a convertirse en piedra la impide hacer click y leer las conclusiones del locuaz espejo.
¿De verdad son los cuentos sólo cosas de niños?
lunes, 12 de diciembre de 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
MEDITANDO NUEVAS DECISIONES
Disculpadnos por la ausencia, pero estamos preparando las maletas con nuestra vida.
Mis secuaces y yo estamos meditando que ser de mayores.
Mis secuaces y yo estamos meditando que ser de mayores.
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